Don Juan en Alcalá

DON JUAN 2015 webDon Juan Tenorio es seguramente la obra más representada a lo largo de la historia del teatro español, y posiblemente una de las más conocidas por el público. Existe, además, un uso, una puesta en escena en el inconsciente de cada espectador, una imagen de los personajes, una forma propia de decir los versos; una identificación que ocurre con muy pocas obras literarias. También es posible seguir un interesante viaje por este texto a través de testimonios escritos, imágenes y anécdotas contadas por las gentes de dentro y fuera de la profesión desde su estreno en 1844. Durante ese tiempo de vida escénica se han ido incorporando al imaginario popular distintos elementos y tópicos, como el famoso sofá que Zorrilla jamás incluye, pero que forman parte de esa cierta convención que acompaña al Tenorio allá donde se monta, como digo, y que condiciona al director de escena que acepta el desafío de subirlo al escenario. Don Juan permanece junto a la historia nacional en cada momento, y aunque va perdiendo fuerza como mito, constituye una tradición escénica viva de extraordinaria fuerza popular. En nuestra ciudad, es ya una tradición representarlo el día de Difuntos de cada año, y el público acude con sus tiradas de versos aprendidas, acompañando a los actores como en una misa en la que se recuerda que hasta el peor de los mortales tiene sitio en la piedad infinita que brinda el Omnipotente.

Una necesidad romántica para un personaje que en nuestro siglo ha perdido un poco su sitio; no es ya la salvación eterna un tema que preocupe en exceso, ni parecen tan graves los delitos carnales del protagonista, pero la obra conserva intactas las virtudes teatrales que han hecho vibrar a los españoles con ella durante más de siglo y medio: el dinamismo de la acción, que continúa una línea que entonces parecía perdida y enlaza directamente con la mejor tradición de nuestro teatro barroco, y el conflicto de un hombre consigo mismo y con un mundo intransigente, que aprisiona su exceso de vitalidad, desdeña cualquier posibilidad de cambio o vuelta atrás y ejecuta su sentencia sin contemplaciones.

Don Juan vive al margen de cualquier estructura social, política o religiosa y sólo está dispuesto a entrar en ese cauce cuando alguien le fascina y transforma su manera de ver las cosas. Simplemente se comporta como lo hacen esas mismas estructuras a lo largo de la historia: sin escrúpulos, sin contemplaciones, atendiendo únicamente a su beneficio y cumpliendo sus deseos a cualquier precio… Si leemos atentamente El burlador de Sevilla encontramos una crítica evidente de aquellos personajes, hijos de validos y nobles, que resultaban intocables por su condición y campaban a sus anchas por un país empobrecido y maniatado, al que sólo le quedaba lo divino como recurso para frenar la impotencia producida por un poder político incapaz o negligente. Zorrilla equilibra la balanza, al presentar a un héroe romántico que vive al límite pero es transformado por el amor: el amor lo guía hacia la salvación y logra, por vez primera si exceptuamos a Zamora, encauzar a Don Juan sin necesidad de destruirlo.

Para mí el núcleo de la obra es precisamente éste: mostrar que la gente puede cambiar, que no es necesario eliminar o suprimir a aquellos que no encajan.

Nuestra intención es sencillamente contarles, una vez más, esta historia de siempre a través de un planteamiento muy personal que trata de potenciar los valores de la obra que hemos juzgado interesantes para el público de hoy. Quizá porque creemos, ingenuamente claro, en la fuerza de los afectos humanos y en su capacidad para cambiar las cosas; aunque la Historia se empeñe en demostrarnos lo contrario.

Eduardo Vasco

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